Cazando un día el príncipe Jascha en las montañas de Servia, vio agitarse por los alrededores un pájaro precioso con las alas doradas. Siguiólo al punto, y, caminando tras él, llegó a una elevada colina, cubierta de blancas estatuas; pero cuando ya se disponía a subir hasta su cumbre, apareciósele un ermitaño, que le dijo:

-¡Ten cuidado! En esta colina vive una bruja que envía al pájaro dorado como cebo para atraer a los caminantes. Si te ve, te convertirá en estatua de mármol; pero si logras agarrarla por los cabellos antes de que te vea, quedará reducida a la impotencia.

El príncipe Jascha dejó de seguir al pájaro, y, trepando por el lado opuesto de la colina, descubrió a la bruja vuelta de espaldas a él; y acercándose con cautela, asióla por los cabellos. Ella comenzó a dar entonces espantosos alaridos, y la colina empezó a balancearse; pero el príncipe no la soltó.

-Bueno, Jascha ¿qué deseas?-dijo, por fin, la bruja.

-Que me entregues el pájaro de oro, y devuelvas la vida a estas estatuas,- respondióle el príncipe.

La bruja entregó el pájaro a Jascha, el cual, fascinado por su hermosura, besólo con pasión; y al contacto de sus labios, trocóse el ave en una joven bellísima y amable. Luego, volvióse la bruja a las estatuas, y proyectó sobre ellas su aliento de color azulado, convirtiéndolas de nuevo en apuestos donceles; después de lo cual el príncipe le dejó libre el cabello y desapareció la bruja para siempre, y todos satisfechos y alegres, regresaron a Belgrado, donde la joven y el príncipe no tardaron en casarse, y fueron muy dichosos todo el resto de sus días.

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